Eyring (Bio)

Nació en Málaga, y vive en una pedanía un municipio de Málaga muy agradable y tranquilo, de casitas blancas. Aprendió a andar sólo para poder lanzarse de cabeza a piscinas, barreños, canales y en general cualquier sitio donde hubiera agua. Cosa que sigue haciendo siempre que puede, puesto que el agua la llama siempre que puede.

En el instituto siempre tuvo mucho éxito, a pesar de que afirma que era el yogur de coco de su grupo de amigas. Quizás sea por su labia o por tener muchas tablas. Lo más probable es que fuera por su sonrisa, que es de esas por las que la gente sería capaz de construir un caballo gigante y dejarlo a las puertas de la muralla enemiga.

Un profesor, Asimov y unos amigos de éste último le metieron el gusanillo de la biología. Le encanta trabajar con celulitas, aunque tal y como está la investigación en España, se siente afortunada de estar investigando, aunque sea con tejidos adiposos.

Le encanta el tecno de los 80, lo que siempre ha hecho que muchos la miren raro. Silba inspirando, no expirando, y cuando bosteza las aletas de la nariz se le ponen blancas, algo que siempre niega dice que le pasa a todo el mundo. Dice que andar para no ir a ninguna parte es tontería. Es capaz de hacer una paella aunque no haya ingredientes, siendo ésta una de las pruebas más palpables de que la magia es un hecho.

Es difícil separarla de un expositor de vajillas o de cristalería. Cuando conduce es habitual escucharla decir “¡Cómo no, tenía que ser una mujer!”, aunque claro, ella puede decirlo “porque es una mujer”, no trates de imitarla, si no quieres sufrir su genio.

Por ahora escribirá poco en El Bidorto, porque bastante escribe ya para su tesis doctoral y el proyecto de fin de carrera de su master en bioinformática. Afirma que los ordenadores no se le dan bien, pero programa en PHP, Perl…

¿He dicho ya lo de la sonrisa?