Salirse de la media

29 marzo 2016 at 15:28

Óliver en el Parque del Cine

Si algo he aprendido desde que somos tres es que ser padre es vivir preocupado, por todo. Por lo malo y por lo bueno. En septiembre, Óliver entrará en educación infantil, en el colegio, sin haber cumplido tres años. Cuando nació nos preocupaba que iba a llegar muy pequeño al colegio, con mucha diferencia de edad con su primo, nacido en enero del mismo año.

Pero Óliver aprende rápido. Preocupantemente rápido. Y aunque suene raro, el que Óliver aprenda rápido me tiene intranquilo.

Si sigues las aventuras de MiniPeque Óliver por Twitter o Instagram sabrás que las aficiones de nuestro retoño no son las típicas de un niño que aún no tiene dos años y medio. Hay compis de guarde que apenas sueltan cuatro palabras, y otros que como él hablan como loritos. Lo normal, vamos. Ya han aprendido los colores básicos, en casa y en clase, aunque Óliver sabía antes de entrar alguno más de los habituales, como el beige. Algunos reconocen los números del uno al tres, del uno al cinco, y del uno al diez. Óliver esos los sabía con poco más de un año. Entró en la guarde contando hasta 20. Ahora reconoce y lee números de tres cifras. Le hemos enseñado hasta el cien, y él ha deducido cómo se sigue a partir de ahí. Sabemos que reconoce por encima de 200 por lo menos.

Con las letras pasa igual. Aprendió las vocales casi antes de hablar. Le fuimos dando letras de juguete poco a poco, y a medida que las reconocía le dábamos más. Con año y medio conocía todas las letras, sin ningún orden. A diferencia de números y colores, sólo se las enseñamos en castellano para no liarle. Y estas navidades le pusimos esta canción *:

Dos días después recitaba el alfabeto en inglés, y reconocía cualquier letra suelta. Pocos días después le dije que la cantara en castellano, y tradujo el alfabeto al castellano. Todo esto de forma natural, sin forzarle en absoluto, y casi por su cuenta. La sensación es que la caldera pide leña, y lo que tenemos que hacer es tener suficiente madera a mano. Darle los estímulos que él mismo pide.

Ya no nos preocupa que llegue tan pequeño en infantil, como en esos primeros días que parecen tan lejanos. Ahora nos preocupa que a este ritmo va a entrar sabiendo leer, porque a día de hoy reconoce muchas sílabas.

Y para otros temas sigue siendo un niño de dos años. Pone de su parte para vestirse. Quiere hacer cosas “Óliver solito”. Le dan berrinches cuando no se hace lo que él quiere. A veces llora porque ni él sabe lo que quiere. Lo de retirar los pañales… hay que plantearlo ya, pero falta mucho trabajo ahí.

Todo lo que se salga de la media es un problema y por motivos similares. Si le cuesta mucho o poco aprender, puede que los profesores no tengan el tiempo o motivación para atender sus particulares necesidades de aprendizaje.

Hay una casilla en el formulario de preinscripción para indicar si el futuro alumno tiene “necesidades especiales educativas”, que aunque no queda demasiado claro en el documento es sólo para aquellos a los que les cuesta algo más aprender. Hay otra que pone que el niño tiene “altas capacidades”. La hemos marcado, a sabiendas de que es pronto para saber si Óliver encaja en este grupo. Esta mañana, después de darle muchas vueltas, hemos entregado el papel.

Que aprenda con tanta facilidad ahora no quiere decir que tenga alta capacidad. La prueba estándar se hace con cinco años, al entrar en primaria. Hay niños precoces, que aprenden muy rápido al principio, y luego no son más “inteligentes” que el resto. Quién sabe si Óliver será de unos u otros. Como padres entendemos que hay que adaptarse al ritmo que demanda, ofrecerle las mejores posibilidades a nuestro alcance para que desarrolle su potencial. Entre ellas, que sus futuros profesores sepan que van a tener a un peque que por el momento no queda dentro de la media.

En épocas de recortes en enseñanza y cambios en el currículo educativo según cambie el signo del gobierno, estar fuera de la media me agobia. Si la Junta no tiene dinero para retirar el amianto que forma parte de muchos colegios de nuestro entorno (o evitar que niños de primaria den clase en casetones prefabricados provisionales instalados desde hace casi 10 años), ¿habrá recursos para que los profesores puedan adaptarse a los niños que no están en la media? Es como para tener dudas.

Me lo he preguntado cada día. ¿Tengo motivos para estar preocupado porque Óliver aprenda rápido, o es sólo que tengo el modo padre activado? Lo que es hoy, con los papeles de la inscripción aún frescos, creo que tengo motivos.

* Cuánto le debemos a Super Simple Songs, un proyecto educativo con decenas y decenas de canciones, con temáticas muy variadas y un estilo de dibujo que llama la atención. Aprender números, letras, colores, animales, hábitos, juegos, bailes… o preciosidades como esta. Frente a lo pesado y aburrido de “Cuenta Juegos” y similares, no nos pesa que Óliver pida que le pongamos alguna de Super Simple por la variedad de posibilidades. A menudo él nos corrige cuando las cantamos porque nos equivocamos con la letra, puesto que recuerda esas decenas y decenas de canciones mejor que sus padres.