Nuevo miembro de la familia

15 noviembre 2010 at 15:57

Después de mucho tiempo sin aparecer por aquí, y no siempre por el tema de los “bichos”; he encontrado, y nunca mejor dicho, una muy buena razón para tomarme un tiempo y escribirla.

Resulta que aquí donde me veis, soy una blandengue que me conmuevo y apiado muy rápido de las desgracias ajenas, y cuando son a un animalito pues más.

Hace un par de semanas apareció frente a la puerta de nuestra casa un perrillo abandonado. Hasta aquí no es nada nuevo, pues no era la primera y seguro que ni la última que algún desaprensivo/a deja a un animal en cualquier cuneta con la infame esperanza de no volver a verlo nunca; sin embargo, este tenía algo diferente, lo normal es que pasados unos días el animal se vaya a buscarse la vida en cualquier parte viendose rechazado por todo el vecindario, no obstante este perro no se iba, se quedaba los días en la acera esperando a que alguien viniese a por él.

Poco a poco parecía que el perro se daba cuenta de que nadie iba a ir a buscarlo y se acercaba a las casas de alrededor en busca de algo de comida y cariño; y aunque no todo el mundo lo recibía por igual, sí que habíamos unos cuantos a los que nos dio tanta lástima su situación que no pudimos evitar el darle de comer y alguna que otra caricia.

El perrillo respondía a la comida y al calor humano con cariño y sumisión y nos seguía y miraba de una forma que sólo puedo describir como suplicante, lo cual contribuía al sentimiento de pena por el animal que ya teníamos. Sin embargo, nadie se hacía cargo del perro.

Para rematar la faena, una mañana pasó algo (yo no estaba allí así que no sé que pudo ser, y nadie lo presenció y si lo hizo no ha querido confesarlo) y desde ese momento el perro estaba cojo.

Así que yo ya no podía más; me sentía fatal por el perro e indignada por la actitud del amo, amo que relamente se merecía el apelativo de animal, más que el propio perrillo. Así que hablé con Alkar, casi con lágrimas en los ojos (pues sabía que a él no le han gustado los perros de nunca, e intuia su respuesta), y le propuse que adoptasemos al perrillo. Para mi sorpresa Alkar accedió de buena gana y me confesó que a él también le enternecía el perro y estaba dispuesto acogerlo y cuidarlo, no sin antes haberlo llevado a un veterinario que comprobase que no tenía chip y que estaba bien.

Llamamos a la veterinaria, lo examinó, y ya de paso lo lavaron, pelaron y acicalaron hasta el punto de parecer un perro nuevo. De modo que ahora ya somos 3 en la familia.

De momento, nos estamos acostumbrando unos a otros, a los horarios de sacarlo a pasear, a que nos haga caso cuando lo llamamos y a que sepa hasta donde puede llegar; pero tenemos que reconocer que además de ser muy cariñoso y juguetón, estaba muy bien enseñado.