12 pasos: A dieta.

25 abril 2010 at 17:11

No quiero que nadie tome este post como una apología a la delgadez, ni lo interprete como una obsesión malsana a estar hechas un “figurín”; no, no es lo que quiero decir, soy consciente y quiero que todo el que en algún momento lea esto que escribo ahora, sepa que no se es mejor persona ni se siente mejor por estar más delgado/a. Sin embargo, también es cierto que no es para nada sano estar muy por encima del peso que se considera apropiado (y no me refiero al ideal, que la verdad, seamos sinceros, eso de ideal le va al pelo porque llegar a él y mantenerlo más que algo “ideal,” es una utopía).

Simplemente digamos esto, he cogido peso, no me siento orgullosa de ello pero dicen que el primer paso es reconocerlo, así que lo reconozco. Hasta ahora he querido engañarme a mi misma diciendo que en realidad podría perder esos “kilitos” de más en cuanto quisiera, y la cuestión es que nunca era el momento de ni siquiera intentarlo, y ¿por qué?.

Fácil, porque me gusta comer, me encanta la comida, comerla y cocinarla así que tiene bastante lógica que me resulte mucho más fácil coger peso que perderlo; y claro, como eso de la ley del mínimo esfuerzo está intrínsecamente grabado en mis genes, pues voy a lo fácil: Engordar. Y cuál es mi gran problema, que no tengo fuerza de voluntad ninguna, no tengo capacidad para rechazar un dulce, ni ánimos para tomarme una crema de verduritas en lugar de una tortilla de patatas hecha por mi madre (hace las mejores tortillas de patatas que nadie haya probado).

Todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer para adelgazar, qué alimentos se deben evitar y cuáles no debes ni oler… y mira tú que curioso, son justo los que más se te apetecen comer, los más sabrosos, apetitosos; dulces o salados, no importa te los comerías todos de una sentada. Acabo de tomar la firme decisión de empezar una dieta, y ya estoy pensando en recetas tan deliciosas como hipercalóricas… por qué será que sólo por el hecho de ser algo que no deberías comer, se te apetezca más todavía; no importa si es algo que normalmente ni te planteas, de repente sientes la necesidad imperiosa de buscarlo donde sea y deleitarte con el placer de comértelo…

Así que en esas estamos, tratando de no ir corriendo a la cocina y llenar un bol con los ingredientes necesarios para preparar unos gofres calentitos y deliciosos (nota: a mi no me gustan los gofres, pero por Dios que ahora me comería 4). Había pensado que escribiendo esto, haciendo “pública” mi intención de mantenerme a raya con las calorías, me sería más llevadero; si al menos puedo escribir como me voy sintiendo o como lo voy llevando, eso podría apaciguarme. Bueno, pues de momento no sé si me está sirviendo de mucho, es cierto que durante el tiempo que estoy escribiendo no estoy comiendo, pero no puedo asegurar que cuando termine de escribir el post no iré a preparar los gofres… en fin, igual os lo cuento mañana.

Imagen sacada de Directo Al Paladar