Ir en bici al trabajo está bien, hasta que te caes

30 junio 2009 at 19:52
Accidente de bicicleta

No lo he comentado por aquí por falta de tiempo. Tras mudarme a la casa, el trabajo me queda a un par de kilómetros, así que para no tener los dos coches gastando, opté por recuperar las buenas costumbres e irme en bicicleta al trabajo. Los del Parque Tecnológico además han tenido el detalle de prepararme hace unos meses un carril bici, casi para mi solito, así que perfecto.

Tardo unos siete minutos en hacer el recorrido, algo menos a la vuelta, que es casi todo cuesta abajo. Pero el martes pasado me la pegué a base de bien, como hacía años que no me la pegaba. Y todo por un bicho y mi torpeza.

Iba por una zona llana del Parque Tecnológico, sin aceras ni arcén, en la que la carretera acaba en una cuneta. Vi un bicho volando hacia mi y de repente noté un gran dolor en el cuello.

1ª Reacción instintiva estúpida: llevarme la mano derecha al cuello.

2ª Reacción instintiva estúpida: frenar con la mano izquierda (rueda delantera)

La consecuencia obvia es que perdí el control de la rueda delantera, se fue para la cuneta, y salí por encima de la bici. Afortunadamente llevaba guantes (se me forman callos con mucha facilidad), así que en las manos no me hice nada. Las peores heridas las tengo en el hombro, tobillo y rodilla, pero también tengo medio brazo hasta la muñeca.

Lo curioso es que se paran tres chicas a echarme una mano… y entre ellas está una bloguerona, MissDone. Me dieron un poco de agua y me lavé las heridas del brazo (después resultó que eran las más superficiales).

Sigo con algunas molestias una semana después, el tobillo izquierdo inflamado, el hombro me duele si me rozo con algo, y no puedo doblar del todo la rodilla, pero ya se van cayendo las postillas.

Llevo montando muchos años en bici, iba al instituto así, en un recorrido más largo y con más tráfico, y este no ha sido mi peor accidente: en el peor, perdí dos dientes y parte del hueso de la encía… Desde entonces tengo dos dientes postizos, y la necesidad de no aterrizar con los piños si me caigo.