Dificil elección

26 agosto 2008 at 13:43

Delicado el tema sobre el que hoy quiero hablar: ser el que más quiere o el más querido…

En gran número de relaciones que han superado la barrera de la desaparición de “las maripositas de la barriga” empiezan a distinguirse, incluso a ojos inexpertos, estos 2 roles de comportamiento en pareja, ahora bien… si pudieras elegir, ¿cuál de ellos te gustaría ser?

Quizás, para tomar una decisición como esta, primero debería plantearse el perfil de cada uno.


– “El más querido”.
Si en principio todo hace pensar que este papel es el más cómodo y fácil de llevar, porque todo lo que tiene que hacer es dejarse querer y que el otro lleve el peso de la relación, nada más lejos de la realidad.

Todos aquellos que por suerte o por desgracia son adorados e idolatrados por su pareja más tarde o más temprano pasarán por crisis internas y personales que le harán plantearse si realmente están enamorados de la persona con la que están, si realmente son la persona que se merece el otro y si no le estarás engañando y cometiendo el mayor de los pecados cada vez que, a diferencia del otro, no te interesa lo que te está contando, no te apetece quedar con él/ella y no tienes la necesidad imperiosa de pasar cada segundo de tu vida observando como duerme, come, plancha, limpia, ronca o se come los mocos la otra persona.

Esas crisis psicológicas, en muchos casos, son las que llevan a la ruptura de la pareja, no tanto por el hecho de que se haya “gastado el amor de tanto usarlo”, como por las dudas personales infundidas por el exceso de cariño del otro, y para colmo, se sienten directos responsables del la separación y del dolor expreso del otro, y es que las personas nos comemos mucho (demasiado) el coco.

– “El que más quiere”.
Este sin embargo, que ve por los ojos del otro, que besa el suelo por el que pisa, ve cómo su vida se centra en la otra persona y es el que más sufre en los momentos de tensión de la relación.

Se va dando cuenta poco a poco de que él/ella lo está dando todo mientras que la otra parte muchas veces no quiere ni dejarse llevar, sufre por las inseguridades del otro, y no entiende cómo puede no ver claro que toda relación debe cambiar, evolucionar, avanzar… o al menos, mantener un ritmo.

Espera un compromiso que no llega y se pierde a si mismo en esa espera y no es hasta que un día se levanta con suficientes fuerzas que se plantea realmente lo que él/ella quiere, dónde está y cómo ha llegado hasta ahí, y si después de esa reflexión aún le quedan fuerzas, puede que tome la iniciativa de provocar un cambio o “cambiarlo todo”.

Dificil elección, si señor, menos mal que no tenemos que tomarla y símplemente somos como somos y en cada momento, con cada persona, nos comportamos de diferente manera. Asi que señores, quered y sed queridos, mientras podais y lo que se dejen, que eso será lo que se lleve el cuerpo.