Martes maldito

21 mayo 2005 at 0:18

Alerta… post personal…
Necesito soltarlo. Esta semana iba a ser muy difícil y larga. Mucho trabajo acumulado, muchas medidas de noche, muchos informes acumulados, y además Eyring de congreso en Madrid desde el miércoles hasta el sábado.

Pero no contaba con todo lo del martes. Yendo hacia la oficina, recibo una llamada de alguien que hacía mucho tiempo de la que no sabía nada… al principio me alegré, pero justo antes de descolgar me entró el típico presentimiento que sabes que es acertado. Una persona a la que apreciaba acababa de morir. Llevaba unos días en coma y se fue apagando. El funeral era al día siguiente, justo a la hora a la que teníamos auditoría en la empresa.

Pero esto sólo fue el entrante. Esa misma tarde, poco después de haber tratado de consolar a su mujer, dicéndole que peor estar meses y meses en cama, sin poder moverse ni hablar, como mi tía, me llaman para decirme que también ha muerto.

Fue una sensación extraña. Más que tristeza era abatimiento. Me tiré todo el día moviéndome por inercia, sin rumbo. Y el miércoles igual, a pesar de la auditoría, tratándo de parecer simpático y atento cuando realmente lo que menos se me apetecía era sonreir.

Mi tía estuvo enferma desde los 6 años, con problemas de huesos y artículaciones. Presumía de las placas y tornillos que llevaba, que le impedían doblar la cintura y sentarse, y sólo podía apoyarse. Manos agarrotadas. Dolor constante. Pero seguía adelante, y sola, porque así lo quiso. Este otoño sufrió un trombo, que la hizo caer y partirse el femur. Cuando despertó había perdido el habla. Ha estado así desde entonces, y he pasado por Madrid a visitarla cuando he podido. Por un lado se que es mejor que descanse, que eso no era vida, y por otro me había acostumbrado a saber que seguía viva, pese a todo.

Con ella se van sus trucos de cocina, por los que se peleó media jet-set de Madrid. Y su genio, que la hizo dejar Jerez por una discusión con su hermana para mudarse con la única compañía de sus dolores, tornillos y placas. Si tan sólo hubiérais probado sus croquetas de gambas, sus raviolis al vino o su tarta de nueces, también la echaríais de menos.

Weno, ya está bien de penas.