El mundo inmobiliario

A ver si alguien me puede explicar un suceso, cuanto menos curioso.

Si vosotros tuvieseis una vivienda y la pusieseis a la venta… si alguien os llama preguntando por ella, que menos que ser educados y facilitarle a información que os piden, verdad? Pues resulta que hemos topado con un “hombre” que tiene una casa en venta y llamamos para preguntar el precio y una vez conocido este y viendo si podemos pagarlo o no, seguir informándonos. Pues se ha negado en redondo a decirnos cuanto pide, dice que para decirnos cuanto pide tenemos que ir allí, verla y entonces nos dirá lo que quiere.

Pero lo más triste de esto es que yo, de buenas maneras y con toda la educación que pude mantener (porque por la forma de tratarme el tio lo que me salía del alma era pegarle tres borderías) le traté de explicar que si yo no dispongo de mucho tiempo libre, porqué voy a tener que ir a un sitio y perder media tarde si desde primera hora podría saber si puedo pagar el precio o no; que lo puedo pagar, pues voy y la veo, pero si no lo voy a poder pagar… viaje que me ahorro. Pues ni aún así; y la verdad es que el sitio está muy cerca de donde yo vivo con lo cual no sería demasiado problema ir a verla, pero no me da la gana, después de lo estúpido e impertinente que se puso el viejo. Además que no tiene sentido y me niego en redondo a ceder a esa exigencia ridícula.

Realmente espero que se le quede colgada y nadie vaya a verla, a ver si así aprende que por lo menos, la educación es una cosa que se le debe al resto del mundo, y más aún cuando ese resto del mundo lo que va a hacer es darte dinero.

Pd. A posteriori me he enterado que pide 50 millones por una casa que, desde luego, no los vale ni de lejos. Ojalá se la tenga que comer con patatas y se tenga que tragar todo ese exceso de altanería que se da el viejo ese. Será el tio cretino.

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Acerca de El Bidorto

El Bidorto es el diario de un informático reconvertido en analista acústico y de una bióloga rodeada de médicos, que primero se construyeron una casita, luego la amueblaron, y ahora por fin viven en pareja.